Durante treinta años, Oilwatch International y sus organizaciones afiliadas han exigido que los combustibles fósiles se dejen en el suelo. Esto se ha presentado como la medida más sensata para que el mundo evite un futuro agravamiento de la crisis climática impulsada por la extracción y el consumo de combustibles fósiles. Partiendo de esta premisa, se creía que la Conferencia sobre ombustiblesfósiles de Santa Marta lograría finalmente lo que 30 sesiones de las COP de la CMNUCC solo han mencionado de forma tangencial.

En este contexto reconocemos el éxito logrado con la Conferencia de Territorios Libres de Combustibles Fósiles, de los días 24 y 25 de abril, y que fue testigo de un intercambio real de conocimientos y estrategias prácticas que están siendo implementadas por la gente para dejar los combustibles fósiles bajo tierra y desarrollar alternativas a los sistemas energéticos actuales a nivel territorial.

Mientras que, por su lado, la Conferencia oficial puso en marcha un Panel Científico para la Transición Energética Global (SPGET) supuestamente con el fin de apoyar a los países a superar la dependencia de los combustibles fósiles a desarrollar hojas de ruta alineadas con la trayectoria de 1,5 °C. El riesgo aquí es que justamente se ignoren la sabiduría, el conocimiento y la capacidad de acción política de los pueblos que saben qué caminos tomar. Tal escenario podría dar lugar al resurgimiento de imposiciones coloniales que socavan los intereses de las personas y del planeta. 

El proceso para lograr una transición verdaderamente justa debe estar liderado por las comunidades de los territorios, no por políticos, corporaciones o académicos cooptados. 

Teniendo en cuenta la unión profana entre los combustibles fósiles, las maquinarias industriales militares, la guerra y los conflictos, el futuro que necesitamos debe basarse en la justicia restaurativa para prevenir el resurgimiento de la violencia. Esta fuente de energía violenta sigue alimentando la codicia de políticos y corporaciones, generando guerras, y debe detenerse.

Oilwatch exige un alto el fuego permanente y el cese del genocidio ambiental pernanente en las comunidades y territorios donde se extraen combustibles fósiles. La extracción de combustibles fósiles en el Sur Global es una guerra abierta contra las personas y el planeta. El genocidio ambiental infligido a los territorios, comunidades y naciones por la extracción de combustibles fósiles debe detenerse. A esto deben seguirle limpieza, remediación, desmantelamiento, restauración y reparación. 

Todas las bombas creadas por los combustibles fósiles deben ser desmanteladas y desactivadas. Ahora es el momento.

La Conferencia oficial era un espacio que estaba destinado a crear un intercambio de sabiduría, lucha y estrategia, una reunión popular de comunidades de primera línea, naciones indígenas, movimientos sociales y organizaciones de base que compartieran enfoques concretos y liderados por la comunidad para mantener los combustibles fósiles en el suelo y construir futuros post-extractivos. Sin embargo, lo único que pudieron ofrecer las reuniones de toda una semana en Santa Marta fue una carpeta de notas de la reunión que fácilmente podría haber recopilado un bot de IA. Los redactores de las notas afirman que el resultado real de la conferencia se hará público en el futuro, probablemente durante las semanas del clima en Londres y Nueva York a finales de año. 

Caracterizaron a la conferencia como un espacio seguro para conversaciones sobre la reducción gradual de los combustibles fósiles —una terminología ignominiosa ideada para evitar la eliminación total de los combustibles fósiles—. La Conferencia también se alineó con los procesos de la CMNUCC, incluidos el Acuerdo de París y su paquete de contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC), que han hecho poco o nada frente al calentamiento global. 

Oilwatch señala que la Conferencia de Santa Marta eludió la necesidad crítica de poner fin a la dependencia de los combustibles fósiles y, en su lugar, proyectó un proceso que no tenía como objetivo lograr resultados urgentes y viables. Fue una conferencia de conveniencia centrada en el comercio y el ecologismo de mercado. 

Si bien la conferencia ofreció un espacio seguro, la difícil situación de los grupos indígenas, las comunidades y los territorios convertidos en zonas de sacrificio con un ecocidio implacable se mencionó poco en las notas. Esta omisión de los actos atroces del extractivismo colonial ha limitado el discurso climático a las moléculas de carbono en la atmósfera, mientras que las comunidades, los territorios y las naciones se ven sumidos en derrames de petróleo, quema de gas, la destrucción de ecosistemas y los impactos climáticos y devastaciones socioecológicas relacionados. 

Oilwatch resalta también los obstáculos impuestos por el régimen de visados del Gobierno colombiano, que impidió que grupos de base y afectados de África, Asia y otros lugares estuvieran presentes y fueran escuchados. Un supuesto «espacio seguro» al que no pueden acceder las comunidades más afectadas no es un espacio seguro. Es una zona de exclusión disfrazada de lenguaje progresista.

Es lamentable que se silenciaran las voces de las víctimas del extractivismo impulsado por los combustibles fósiles, lo que restó importancia a la resistencia liderada por las comunidades y al claro rechazo de las falsas soluciones climáticas y el ecologismo de mercado ofrecidos como financiación climática. La naturaleza interseccional de la lucha por la justicia climática y la proyección de futuros pos-extractivos y de justicia restaurativa, que va más allá de las reparaciones para prevenir la violencia futura, sigue sin ser escuchada.

Oilwatch considera que la Conferencia de Santa Marta resultó en una clara muestra de que la lógica de nuestro llamamiento a dejar los combustibles fósiles en el suelo es irrefutable. Ahora es el momento de centrar el impulso hacia futuros pos fósiles como son los notables logros de los ecuatorianos que rechazaron la extracción de petróleo en el Yasuní-ITT y del pueblo ogoni de Nigeria, que se niega a que se reanude la extracción de petróleo en sus territorios desde que forzaron pacíficamente el cese de dichas actividades en 1993. Luchas similares, como las de Standing Rock en EE. UU., muestran el impulso global de este movimiento. Oilwatch cree que es hora de «yasunizar» y «ogonizar» el mundo.

Durante años, Oilwatch ha promovido la idea del Anexo Cero, una posición que ninguna conferencia gubernamental ha adoptado aún formalmente. El Anexo Cero exige que determinados territorios, ecosistemas y comunidades sean declarados permanentemente fuera de los límites de la extracción de combustibles fósiles. Esto significa que no hay plazos de reducción gradual, ni licencias de transición, ni negociaciones. En pocas palabras: extracción totalmente nula.Este principio exige que las naciones que mantengan los combustibles fósiles en el suelo sean reconocidas como defensoras del clima y debidamente compensadas por ayudar a evitar un cambio climático catastrófico.

Oilwatch también reitera que la eliminación urgente de los combustibles fósiles y la acción climática real deben basarse en el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas (CBDR), que es el pilar fundamental de la justicia de la CMNUCC. En este sentido, se debe exigir a las naciones que reduzcan las emisiones en origen a niveles jurídicamente vinculantes. 

Las conversaciones de Santa Marta, de tono cortés, hicieron hincapié en los mecanismos financieros, la distribución de beneficios y otras vías construidas sobre la base de una visión imaginaria que ha relegado la conferencia sobre el clima a la interminable avenida de las conferencias durante años. Es hora de reconocer la naturaleza interseccional de la crisis climática y la necesidad esencial de reunir a todas las partes afectadas en la misma sala.

Durante 30 años, Oilwatch International ha pedido constantemente que los combustibles fósiles se dejen en el suelo y ha exigido el reconocimiento y el pago de la deuda climática y ecológica. Seguimos por este camino con la confianza de que el futuro de nuestros sueños es alcanzable. Es hora de una eliminación gradual, no de una reducción gradual, de los combustibles fósiles. Esa será la transición real, justa y equitativa.

Santa Marta fue una gran oportunidad, pero se perdió.

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