Los presidentes de Sudamérica se reunieron en la Cumbre de Energía llevada a cabo en la Isla Margarita entre el 16 y 18 de abril. La Red Oilwatch Sudamérica presentó en el marco de esta reunión un documento de posición sobre la visión que tenemos de qué tipo de integración necesitamos, queremos y apoyamos. Es decir, una integración que no esté basada en la dependiencia de combustibles fósiles, ni sometida a la ampliación de agrocombistibles, menos aún sin respeto de los derechos ambientales y colectivos de los pueblos en Sudamerica.
ANTE
LA CUMBRE SUDAMERICANA DE NACIONES SOBRE ENERGÍA
Isla
Margarita, abril 2007
La
integración en el siglo XXI
Sin duda los
desafíos del siglo XXI tienen como eje medular los temas
ambientales, históricamente postergados.
El desafío
a nivel regional es encarar los problemas locales y globales,
asegurando el bienestar de las poblaciones hoy y en el futuro,
conservar los ecosistemas compartidos, impedir la contaminación
transfronteriza, y evitar el sacrifico de unas regiones para el
desarrollo de otras.
Tradicionalmente
se entiende por integración, los acuerdos de libre mercado y
una infraestructura compartida. Así, salta a la vista una
agenda de construir gasoductos, oleoductos, carreteras, hidrovías,
tendidos eléctricos, etc. Esta visión de la
integración regional es muy limitada, pues deja de lado la
integración de los pueblos, el intercambio cultural, y la
posibilidad de una unidad en la diversidad, pensada en función
de la sustentabilidad ambiental y social.
En este sentido,
en un mundo globalizado, con millones de perdedores y un puñado
de ganadores, los desafíos para América Latina son:
1. Enfrentar
el cambio climático
El cambio
climático dejó de ser un augurio, una exageración
o una amenaza. Así lo demuestran los tornados, los huracanes,
las inundaciones o el derretimiento de los glaciares. Existen
todo tipo de evidencias sobre sus consecuencias y la certeza de que
las acciones para resolverlo son impostergables. Según el
último informe del Panel Intergubernamental del Cambio
Climático, ya es demasiado tarde para impedir la catástrofe
mundial, pero aun se pueden hacer muchas cosas para que, aún a
largo plazo, se pueda revertir el proceso.
Científicamente
se reconoce que la principal causa del cambio climático es la
extracción y quema de combustibles fósiles. Dejarlos en
el subsuelo es el único camino para deshacer el camino.
Mientras tanto se habla ahora de adaptación.
Para los países
industrializados del Norte, enriquecidos gracias a sus formas
insustentables de producción y consumo, la solución
en invertir en multimillonarios proyectos de adaptación,
diques gigantescos, ciudades flotantes, u otras propuestas que a
largo plazo serán peores que el calentamiento global. Entre
estas están el comercio de emisiones que se ha demostrado que
empeora las condiciones en los países en donde se compran; la
invasión de cultivos genéticamente modificados o los
agrocombustibles sacrificando la soberanía alimentaria de los
pueblos del Sur.
Para los pueblos
del Sur, la única garantía de adaptación es
mantener en pie los bosques tropicales particularmente los bosques
maduros.
El cambio
climático, tema económico central sobre todo para
países europeos, tiene un fuerte impulso mediático en
los Estados Unidos. Para América Latina, esto
significa una ola de inversiones ligadas a estos temas que nos
obligan a definir qué hacer y que omitir, que permitir y que
proponer.
2. Evidenciar
el fracaso del Protocolo de Kyoto
La reducción
de emisiones propuesta por el Protocolo de Kyoto es insignificante, y
sus mecanismos para alcanzarla es absolutamente ineficiente y
perniciosa. Lo que se ha impuesto es el comercio de emisiones,
es decir, la compra de la capacidad de absorción para evitar
disminuir el consumo de combustibles fósiles.
Los mecanismos
creados por Kyoto premian a los contaminadores, pues el beneficio que
obtendrán es mayor, al ocupar la cuota de emisiones del país
obligado a hacer reducciones. La empresa contaminante se ahorra
dinero al evitar tener que hacer gastos en cambios tecnológicos
en su lugar de origen y, a cambio, recibe subsidios estatales,
créditos de la Banca Multilateral y ganancias directas con los
proyectos que instrumenta en los países del Sur -plantaciones
forestales, biocombustibles, transferencia tecnológica, etc.-,
además de los réditos fiscales por invertir en
proyectos supuestamente “verdes”.
Ligado
a lo absurdo de las soluciones propuestas por el Protocolo de Kyoto
se renueva el entusiasmo por la energía nuclear, las
grandes represas hidroeléctricas y se promueve con inusitado
interés los biocombustibles, utilizando ya no sólo la
atmósfera, sino también las tierras del Sur, para
abastecer una creciente demanda de energía.
3. Proponer
una integración diferente para América Latina
En el siglo XXI la integración
debe por fuerza encaminarse a la consecución de objetivos
comunes y estos son fundamentalmente la democracia, el respeto
a los derechos humanos y someterse a la naturaleza, sustrato en el
que se desarrolla la vida. Los planes de construcción
de mega infraestructuras como es el Gasoducto del Sur se atentan
contra los derechos colectivos y ambientales en la región y
son estrategias que se contraponen a cualquier objetivo de
integración alternativa.
Dos estrategias se presentan como de
gran importancia para hablar de integración en la región:
Mantener el crudo y el gas
represados en el subsuelo
Las posiciones de cientos de
pescadores, campesinos o indígenas que se oponen a la
extracción de crudo, en sus territorios, son demandas
legítimas que deben ser apoyadas por la comunidad
internacional, al ser mecanismos concretos de evitar que la
catástrofe sea mayor.
A estas iniciativas se suman otras
como la del Ecuador, que consiste en mantener el crudo del campo
petrolero ITT en el subsuelo amazónico. Esta
novedosa propuesta merece el apoyo de la región y el concurso
de la cooperación internacional.
Ecuador, al ser un país con
emisiones per cápita 20 veces menos que Estados Unidos,
no tiene la obligación de reducirlas, ni de asumir sólo
esta política; tampoco puede hacerlo ya que su economía
depende en gran medida de los ingresos petroleros. La propuesta
implica, entre otras cosas, que los países industrializados,
responsables del cambio climático, “compren”
simbólicamente el crudo del subsuelo, con el compromiso de no
extraerlo jamás.
Este sería un precedente para
que otros Estados tomen la misma iniciativa y puedan conservar sus
ecosistemas, proteger a los pueblos que viven en ellos, sostener sus
economías, y contribuir a enfrentar el cambio climático.
Exigir compromisos
internacionales reales
Al haber fracasado el Protocolo de
Kyoto, lo que debemos hacer es evitar que se continúe
extrayendo combustibles fósiles y que además se frene
la tendencia de transformar las tierras del Sur, en esta nueva gesta
de colonización, en sumideros de carbono, y agrocombustibles.
Adelantarse con propuestas energéticas
soberanas, descentralizadas y de bajo impacto para conformar las
nuevas matrices energéticas en el subcontinente
latinoamericano.
Proponer una integración
respetuosa del medio ambiente y de los derechos de los pueblos
Debemos
enfatizar en cuáles son las verdades necesidades de nuestros
países.
Los pueblos
indígenas, las comunidades de campesinos, las aldeas
ribereñas, las comunidades extractivistas y los pobres de las
ciudades, reclaman sus derechos sobre la tierra, sobre el agua y
sobre su futuro; tres prioridades para su existencia que están
amenazadas por los nuevos proyectos hidrocarburíferos.
Una verdadera integración es
aquella que se logra con justicia y equidad; ambas son imposibles si
se pone en peligro el ambiente y en ningún caso se justifica
violentar los derechos humanos y colectivos.
OILWATCH SUDAMERICA
La red OILWATCH nació
impulsada por la necesidad de desarrollar estrategias globales para
las comunidades afectadas por las actividades petroleras y para
apoyar sus procesos de resistencia en la lucha contra estas
actividades. Entre las funciones de la organización están:
el intercambio de información sobre las operaciones de las
compañías petroleras en cada país afectado,
sobre sus prácticas operativas, así como sobre los
diferentes movimientos de resistencia y campañas
internacionales contra compañías específicas.
OILWATCH se esfuerza por hacer crecer, a nivel global, la conciencia
ecologista, exponiendo los impactos de la actividad petrolera en
ecosistemas tropicales y en sus poblaciones locales, estableciendo
también las relaciones de esta actividad con la destrucción
de la biodiversidad, el cambio climático y la impune violación
de los derechos humanos. En la actualidad tiene a más de 100
organizaciones como miembros en países del Sur.
www.oilwatch.org
¡Somos una más
de las voces del Sur…más que una voz, un grito!
Ecuador ofrece un trato verde: El gobierno estaría dispuesto a
abandonar el proyecto de desarrollo de un campo petrolero en la
reserva natural Yasuní a cambio de compensación económica internacional. Leer más sobre está propuesta