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OILWATCH A LA ASAMBLEA GENERAL DE LA OPEP
Viena, 19 de septiembre del 2005
La soberanía bajo amenaza
En los años setenta la OPEP logró un giro
fundamental en la correlación de fuerzas mundiales, favoreciendo por primera
vez a los países del Sur del mundo poseedores de petróleo. Logró poner límites
al modelo colonial de apropiación de materias primas.
A través de los procesos
de nacionalización de los hidrocarburos y la creación -o fortalecimiento- de
empresas estatales, ningún otro grupo de países productores de una materia
prima tan estratégica, había tenido tanto éxito en el control de sus recursos
naturales, desde un punto de vista económico y de la soberanía.
Sin embargo, con este triunfo, todos los
países productores de la OPEP entraron por cuenta y riesgo propios al corazón
de un patrón técnico mundial, creado desde y para beneficio de los países
metropolitanos. Así, pasaron a depender directamente del funcionamiento mundial
de la industria, las finanzas y del aparato científico-técnico del mismo. Por
ello, las posibilidades de mantener una correlación económica de fuerzas
favorables dentro de la actual civilización petrolera en realidad fueron muy
fugaces.
No casualmente la mayor parte de las conquistas técnicas, económicas y
sociales obtenidas por los países petroleros del sur, sean de la OPEP o de
fuera de la OPEP, se han ido perdiendo desde la mitad de los años ochenta,
tanto en el plano de la soberanía como en la búsqueda del bienestar en los
países poseedores de este recurso.
La estrategia de los países del Norte y sus respectivas empresas
privadas, se centró en la creación de la Agencia Internacional de Energía (AIE), logrando a partir de 1985
la fractura de los acuerdos de la OPEP,
consolidar la función intermediadora de las empresas transnacionales petroleras
y de los servicios petroleros y, con ello, logró detener eficazmente el flujo
de los excedentes petroleros hacia el Sur para garantizar el descomunal
despilfarro energético en los países del Norte.
Las empresas trasnacionales han ido
recuperando el espacio que perdieron en la década de 1970 con la creación de la
OPEP. Estas han recuperado el control directo de las empresas, de los
yacimientos, o bien adquiriendo cada vez más garantías que les permiten ocupar
tácticamente espacios a nivel nacional e internacional. Por ello, en la
actualidad tienen más influencia en OPEP, retomando un creciente control de esa
riqueza que momentáneamente habían perdido.
Frente a esto, la mayoría de las empresas
estatales de los países miembros de la OPEP y de fuera de ella no han logrado
detener efectivamente ni aislar la intervención de las compañías petroleras
transnacionales. Por el contrario, estas avanzan tanto en el área estratégica
de los servicios, como en los procesos de reformas y ajustes impuestos por la
banca multilateral en nuestros países, para alentar el desmantelamiento de las
empresas nacionales.
A pesar de los esfuerzos iniciales de la OPEP, nuevamente, las empresas
transnacionales determinan las
políticas energéticas en todos los países petroleros del mundo. Comenzando por el hecho de que los directivos
de Halliburton, Exxon-Mobil y Chevron-Texaco tengan extremo poder dentro del
gobierno de Estados Unidos
-principal consumidor deficitario de petróleo-, y
que sean quienes, teniendo la información de las reservas del planeta,
protagonicen las guerras de conquista y control de este recurso.
No obstante, con el arribo del nuevo siglo, este mundo hecho a imagen y
semejanza de la civilización petrolera, está llegando a tocar dos grandes
límites: primero,
el agotamiento mundial de las reservas, sobre todo de los
países pequeños y medianamente productores, y segundo, el catastrófico
agotamiento de la capacidad ambiental de todo el planeta para soportar mas
quema de hidrocarburos.
Frente a la crisis ambiental, las empresas ya alistan sus estrategias
para entrar en el negocio de las energías “alternativas”, y sientan las bases
para controlar el mercado de la energía,
a través de los llamados
Public-Private Partnerships y otros mecanismos. La captación del servicio de
energía por parte de las mismas empresas que hoy pretenden controlar el
petróleo, tendrá implicaciones económicas, sociales y ambientales graves para
el Sur del mundo.
Este es un desafío que debe ser enfrentado por la OPEP.
Mientras tanto los países de la OPEP han
hecho poco o nada en la gestión de la investigación y el recambio de
alternativas energéticas apropiadas a las características de sus propios
países, ni han diversificado sus economías.
Una crisis ambiental casa adentro
Iniciamos el
nuevo siglo
con severos problemas ambientales.
Los desastres climáticos, provocados por el
sobre consumo de combustibles fósiles, son cada vez más frecuentes, intensos e
incontrolables y afectarán al conjunto del planeta.
A la vulnerabilidad ambiental de los propios países miembros de la OPEP
se suman una serie de pasos dados por las empresas transnacionales, por los
países altamente consumidores, y por los propios gobiernos miembros, que ponen en riesgo el espíritu con el que fuera creado
este cártel de productores.
Ambiente y Economía son dos escenarios en donde las piezas se mueven
peligrosamente para los miembros de la OPEP. Los que se valoran como beneficios inmediatos de las políticas
de precios del crudo y sus derivados, son contradictorios con
los efectos
progresivamente desastrosos en el mediano y largo plazo.
Los países miembros de la OPEP enfrentan ya los impactos de esos cambios
climáticos y la contaminación, vinculados por la civilización petrolera, basta
recordar por ejemplo, el desastre de Vargas en Venezuela, provocado por niveles
de lluvia totalmente impredecibles, o los incendios forestales de Indonesia y
otros países de la región, desencadenados por las sequías.
A estos deben por fuerza añadirse, los impactos ambientales locales que
derivan de la propia actividad de extracción, transporte y refinación del
crudo.
Los países con ecosistemas áridos y semiáridos están sufriendo, debido
al cambio climático,
un endurecimiento en los procesos de desertificación;
están sufriendo la pérdida de sus pocas tierras agrícolas y la contaminación de
sus escasas fuentes de agua.
Por su parte, los países con bosques tropicales pierden
velozmente la
biodiversidad, otro recurso estratégico con el que cuentan,
y enfrentan
además, contaminación de las fuentes de agua.
Adicionalmente los impactos locales de esta actividad generan
descontento en las poblaciones y reacciones de protesta, legitimas desde la
perspectiva de esas comunidades, que los Estados deben enfrentar.
Tres países miembros de la OPEP son parte central de
la preocupación de Oilwatch, pues se trata de países tropicales con explotación
petrolera.
Nigeria, Indonesia y
Venezuela.
En ellos
la situación es crítica, se ciernen amenazas de invasión
extranjera, se están destruyendo las fuentes de sobrevivencia de los pueblos,
las transnacionales ganan rápidamente terreno,
y se destruyen los recursos que
en el futuro permitirían el bienestar de los pueblos.
En
la actualidad, los ciudadanos de estos países han recibido medidas, injustas y
opresivas desde el punto de vista social, ecológico, ambiental y político,
mientras que los beneficios los obtienen solo las corporaciones transnacionales
petroleras y máximo las elites nacionales.
En
Nigeria e Indonesia, por ejemplo, los ciudadanos experimentan la subida del
precio de los combustibles, cada vez que el precio del crudo aumenta en el
mercado mundial, confirmando la maldición del petróleo sobre los pueblos en
cuyas tierras este recurso es extraído.
Indonesia
además se sufre el agotamiento de las reservas, pues se ha explotado ya un
tercio de las mismas. Y lo que resulta más grave, es que Indonesia, siendo el
único miembro de Asia de OPEP, este considerando abandonarla, por la ausencia
de una política de protección a los miembros.
En
el caso de Venezuela los mega planes de exploración y
explotación petrolera y
gasífera 2006-2030, y la
apertura de Venezuela
a las empresas privadas
trasnacionales
resultan incongruentes
con las propuestas de reformas
políticas en favor de la población, la soberanía y el respeto a los derechos
ambientales y los derechos de los pueblos indígenas, pescadores y campesinos.
Además acentúan los impactos y riesgos antes mencionados.
Los
gobiernos diligentemente hablan de subsidiar los costos petroleros, mientras
que son las comunidades empobrecidas que han visto sus aguas y tierras
colonizadas por la industria petrolera, quienes subsidian el costo del petróleo
aún con su propia sangre.
Es
vital para los miembros de la OPEP considerar el interés de sus ciudadanos
antes que danzar al ritmo de las cambiantes estrategias de las naciones
consumidoras y corporaciones más poderosas.
Recuperar la soberanía, establecer una política de
reinversión y de control del excedente y sembrar las condiciones para una nueva
civilización post petrolera es, sin duda, un imperativo para lograr los
objetivos de proteger a los países y su gente.
De otra manera quedará para estos países una inmensa
deuda ecológica y social, un acumulado de externalidades que nadie sabrá quién
debe pagar. Ruina, decadencia económica y ambiental, y dependencia serán
nuestro legado, a la misma velocidad con que el cambio climático castigará a
estos países.
Por lo señalado, Oilwatch propone:
- Abrir el diálogo nacional e internacional, sobre soberanía
y privatización, sobre el corto y el largo plazo. Y sobre la justicia social,
económica y climática.
- Iniciar una reflexión sobre una economía post
petrolera, en la que las energías alternativas sean controladas y provistas por
los Estados y que logre identificar bases sólidas para sustentar la soberanía
energética y el bienestar económico y social.
- Acoger el principio de precaución, recogido ya en las
principales convenciones internacionales. Descuidar el punto implica seguir
avanzando sin atender el problema de un futuro cada vez más incierto.
- Abrir un debate al interior de los países tropicales
miembros de la OPEP con relación a los mayores beneficios ecológicos y
económicos de salvaguardar petróleo en el subsuelo, como una forma de conservar
la biodiversidad y el agua, de respetar los derechos de la gente,
de
contribuir a enfrentar los cambios climáticos y de reorientar su política hacia
una nación no dependiente de los hidrocarburos y soberana.
- Eliminar la criminalización de
la protesta y resistencia
de las comunidades locales que denuncian los impactos de las actividades
petroleras, puesto que ellas defienden derechos de los pueblos, de las naciones
y del planeta.
Por el planeta y su gente
Oilwatch
Oilwatch es una red de organizaciones de la sociedad
civil en Africa, Asia y América Latina, que promueve una civilización
pospetrolera.
Coordinación de Organizaciones
Mapuche - ARGENTINA
Belice
Institute of Environmental Law and Policy (BELPO) - BELICE
Toledo
Developement Corporation (TDC) - BELICE
Bullet Tree
Falls Environmental Club - BELICE
FOBOMADE
– BOLIVIA
FUNDACIÓN
SOLÓN – BOLIVIA
Projeto
Brasil Sustentável e Democrático/Rede Brasileira de Justiça Ambiental - BRASIL
GTA /
Comision Pastoral de la Tierra - BRASIL
Asociación
CENSAT Agua Viva – COLOMBIA
FUNDACION
AGUAVIVA - COLOMBIA
Centro
de Desarrollo Comunitario - Cabildo Mayor U’Wa - COLOMBIA
ORJUWA-T
Organización Wayúu Munsurat COLOMBIA
OILWATCH
COSTA RICA
FoE
CURAZAO
Acción
Ecológica – ECUADOR
CESTA
– EL SALVADOR
Madre
Selva - GUATEMALA
Consejo
de Investigaciones para el Desarrollo de Centroamérica (CIDECA) - GUATEMALA
Alianza
por la vida y la Paz - GUIATEMALA
Frente
Petenero Contra Represas - GUATEMALA
MOVIMIENTO
MADRE TIERRA - HONDURAS
Organización
Fraternal Negra Hondureña (OFRANEH) - HONDURAS
Confederación
de Pueblos Autóctonos de Honduras (CONPAH) - HONDURAS
ALIANZA
VERDE - HONDURAS
Federación
Indígena Tawahka, (FITH) - HONDURAS
Federación
de Tribus Xicaque de Yoro (FETRIXY) - HONDURAS
Federación
Indígena FETRIPH pueblo PECH
de Olancho - HONDURAS
Casifop
- MEXICO
Sociedad
de Amigos Santo Tomás – MEXICO
Centro
Humboldt -
Oilwatch Mesoamérica - NICARAGUA
URACCAN-IREMADES
- NICARAGUA
Centro de
Educación para la Paz y la Justicia (CEDUPAZ) – NICARAGUA
CENTRO
DE ESTUDIOS INTERNACIONALES - NICARAGUA
COIBA
- PANAMA
ECORED
- PANAMA
MNJ-PAT -
PANAMA
SOBREVIVENCIA
- PARAGUAY
APRODEH
- PERÚ
CONACAMI
- PERÚ
Racimos
de Ungurahui - PERÚ
TOXIC
TEXACOWATCH – SURINAM
WRM
– URUGUAY
REDES -
URUGUAY
Amigransa-
Red Alerta Petrolera Orinoco Oilwatch - VENEZUELA
Centre
Pour l’Environnement et le Développement - CAMERÚN
Cadic
- CONGO
EPOZOP / ASSAILD - CHAD
CPPL -
Commission Permanente Petrole Locale - CHAD
Chadian Association for the defence of Human Rights / LTDH - CHAD
RESAPIME SARH GRAMP/TC - CHAD
CILONG
- CHAD
CIAJE
- GABON
Third
World Network - GHANA
FoE
GHANA
LIVANINGO
- MOZAMBIQUE
Oilwatch
Africa – NIGERIA
Environmental
Rights Action (ERA)
- NIGERIA
Justice
et Paix (of Catholic Church) - REPUBLIC OF CONGO (BRAZZAVILLE)
GroundWork
– SOUTH AFRICA
Earthlife
Africa eThekwini – SOUTH AFRICA
Earthlife
Africa Johannesburg - SOUTH AFRICA
Earthlife Africa Cape Town - SOUTH AFRICA
Sudan
Council of Churches (SCC) - SUDAN
Ecograph
- AZERBAIJAN
UBINIG
- BANGLADESH
BanglaPraxis
- BANGLADESH
Community
developmnet Library - BANGLADESH
PRAYAS
- INDIA
PAN
- INDONESIA
JATAM
(Jaringan Advokasi Tambang) - INDONESIA
FoE
MALAYSIA
Third
World Network - MALAYSIA
ActionAid
- PAKISTAN
Pakistan
Institiute of Labour Education and Research - PAKISTAN
Center
for Environmental Justice - SRI LANKA
EarthRights
International (ERI) - THAILAND
CAIN Campaign for Alternative Industriy Network - THAILAND
Burma Issues - THAILAND
Study
Group for Natural Resource Sustainability - THAILAND
Kalayanamitra
Council - THAILAND
LAOHAMUTUK
- TIMOR
PERDU-Manokwari
- WEST PAPUA
CEE
Bankwatch Network - GEORGIA
Indigenous Oil Campaign Organizer Indigenous Environmental
Network - USA
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